sábado, 10 de septiembre de 2016

ROSENDO MENDIZÁBAL Y EL ENTRERRIANO


El día en que nació el tango
Sobre este episodio hay una fecha precisa, pese a que transcurrió más de un siglo. Ocurrió un 25 de octubre de 1897 en el local de baile de María Rangolla, alias La Vasca, quien abrió su establecimiento (y también su escote) en la calle Europa, hoy Carlos Calvo al 2700. El de La Vasca, era uno de los sitios más destacados donde acudía la bohemia de Buenos Aires de aquellos años. Mezcla de sala de baile, local de bebidas y prostíbulo, recalaron allí compositores, cantantes y bailarines del 2 x 4. Es innegable que La Vasca y sus salones, así como el de Hansen y el de Laura, hicieron un gran aporte a la música ciudadana.

Ahora veamos que ocurrió ese 25 de octubre cuando suponemos que alrededor de la medianoche ingresó al salón un joven que tendría no más de 20 años, de tez morena, rasgos delicados y bigote puntiagudo. Completaba su estampa de compadrito el clásico pañuelo blanco, saco con solapas, pantalones a rayas y taquito militar. Todos se acercaron a saludarlo, porque ese día tenía lugar la reunión mensual del “Z Club”, constituido por alrededor de 40 amigos. En esas ocasiones, el salón de La Vasca cerraba sus puertas a los extraños, excepto para Enrique Otamendi, el comisario del barrio quien concurría diariamente a visitar a cierta pupila jovencita que él consideraba su propiedad privada.

El recién llegado, que no era otro que Rosendo Mendizábal, anunció que tenía en su cabeza una melodía que quería mostrarles. Como era el pianista oficial del lugar se sentó ante el instrumento y empezó a tocar.

La vivacidad y la belleza de estilo canyengue que brotó del teclado deslumbró a la concurrencia desde el primer compás. Algunos comprobaron que era un placer bailarla y terminada la ejecución, uno de los bailarines se acercó al del piano diciéndole: “Rosendo, ¿por qué no se lo dedica a Segovia?” El tal Segovia era un hacendado oriundo de Entre Ríos que estaba disfrutando, gracias a su generoso bolsillo, la noche de Buenos Aires. Entonces, Mendizábal le dedicó la partitura y la tituló “El entrerriano”. A cambio recibió, del agradecido ganadero, 100 pesos que en aquella época era mucho dinero.

Se cree que “El entrerriano”, fue el primer tango trasladado a las partituras, en una época en que los músicos eran intuitivos y las melodías se convertían en canciones anónimas, o alguien se aprovechaba y les estampaba su firma. Su autor figura como A. Rosendo y está considerada una de las tres piezas iniciales que definieron la identidad musical del tango, los otros dos fueron “Don Juan” de Ernesto Ponzio y “El choclo” de Ángel Villoldo.

                                       Carátula de El Entrerriano

Fue grabado por primera vez en 1913 por el quinteto “Tano Genaro”, bajo el sello Atlanta y ese mismo año por Eduardo Arolas bajo el sello Odeon. Varios poetas le agregaron sus propias letras, pero ninguna pegaba ni estaba a la altura de la música. Por eso es que “El entrerriano” es una de las pocas piezas del patrimonio tanguero que no se canta. A lo largo del tiempo se podría decir que todas las orquestas lo incorporaron a su repertorio y actualmente tiene la misma vigencia y atracción que esa primera noche en el salón de La Vasca.

Rosendo Mendizábal

                 Rosendo Mendizábal (1868-1913). Es la única foto que se conserva.

Anselmo Rosendo Cayetano Mendizábal era de ascendencia afroargentina y de familia con buena posición económica. Su padre Horacio y su madre Petrona Escalada eran ambos argentinos, pero había en el joven Rosendo rasgos que provenían de un antepasado medianamente lejano, seguramente de algún esclavo traído de África. Así lo delataba su cabello mota y su tez un tanto oscura.

Siendo aún niño murió su padre, víctima de la epidemia de fiebre amarilla que asoló Buenos Aires. Pocos años más tarde heredó de parte de su abuela una importante fortuna logrando entre otros lujos, realizar los estudios de piano en su domicilio. Este instrumento fue su pasión y durante la adolescencia obtuvo el título de profesor de piano que pronto le permitió dar lecciones privadas a gente de la sociedad porteña. A esto contribuyó el apellido de prosapia de su madre.

Rosendo era hombre de la noche, gustaba de las mujeres, las fiestas y los bailes y encaró esa vida en forma tan desenfrenada que pronto dilapidó su herencia. A partir de los veinte años se las arregló para vivir de las clases de piano y de su otra fuente de recursos que consistió en amenizar con el instrumento los bailes de los locales nocturnos de Buenos Aires. 

Fue el pianista de El Tarana (lo de Hansen), La Vieja Eustaquia, La parda Adelina, Laura Monserrat y María La Vasca, donde estrenó el tango que lo transportaría a la inmortalidad. Actualmente Rosendo está considerado como el pianista más virtuoso de la Guardia Vieja.

La mayoría de los lugares que frecuentaba eran de dudosa reputación que incluían habitaciones donde las prostitutas ofrecían sus favores. Es importante señalar que entre los habitués se incluían señores de la sociedad porteña. Estos personajes constituían otra de las fuentes de ingreso de Rosendo, quien solía venderles sus partituras con dedicatoria, porque por entonces ya se lo consideraba uno de los mejores y más hábiles pianistas. Es por eso que dentro de su fecunda producción, la mayoría de las piezas tenían nombre propio (Don Enrique, Don Horacio, Don José María y por supuesto El entrerriano).

En lo de Hansen, que se encontraba en el parque 3 de Febrero de Palermo, solía concurrir el mundo del turf y varios de los tangos de Rosendo tenían títulos de caballos y yeguas famosas como Reina de Saba, Don Padilla y Polilla. Muchas de estas obras fueron buenas piezas de tango, sin embargo rara vez se tocan, es como si El Entrerriano las hubiera desplazado con ímpetu avasallante. Hacer click aquí para escucharlo por la orquesta de Francisco Canaro

Rosendo actuaba generalmente como solista y sus ingresos estaban condicionados a la generosidad de los concurrentes. Cuando la importancia de la reunión lo exigía, se formaba un trio con el agregado de un violín e incluso  una flauta, porque todavía no había llegado el bandoneón al Río de la Plata, que la desplazaría definitivamente.

La vida tan poco convencional de Rosendo no le impidió casarse y tener siete hijos, cuatro varones y tres mujeres, una de ellas Carmen, aportó bastante información sobre su padre que en los últimos años estuvo muy enfermo, casi ciego y víctima de una parálisis. 

Murió en la pobreza el 30 de junio de 1913, fue el día en que los pianos estuvieron de luto y se silenciaron los salones de baile.

Hector Benedetti. María La Vasca. El tangauta.com. http://www.eltangauta.com/nota.asp?id=887
Tangos al Bardo. El entrerriano. 13/01/2014 http://tangosalbardo.blogspot.com.ar/2014/01/el-entrerriano.html
Juan Silbido. Semblanza de Rosendo Mendizábal. Rodo tango. http://www.todotango.com/creadores/biografia/621/Rosendo-Mendizabal/
José Vicente Boesmi. Historia del tango. Rosendo Mendizábal. Monografías.com. http://www.monografias.com/trabajos101/historia-del-tango-rosendo-mendizabal/historia-del-tango-rosendo-mendizabal.shtml

Horacio Salas. El tango. Breviario ilustrado. Editorial Planeta 2009, Buenos Aires.

1 comentario:

  1. Oswaldo C de Maryland11 de septiembre de 2016, 11:10

    Magnífica la historia del tango, Ricardo. Conozco El Choclo. Voy a buscar El Entrerriano y Don Juan en iTunes a ver si los puedo oir.

    Gracias por mantenerme en la lista de El Mordaz

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