domingo, 21 de enero de 2018

DOSTOIEVSKI

La antigua fortaleza de San Pedro y San Pablo ha sido convertida en cárcel, en ella están alojados numerosos prisioneros políticos que pretenden que Rusia se transforme en un país más civilizado. La dictadura es durísima y no tolera disidencias, ni críticas y menos, movimientos que pretendan frenar el régimen despótico del zar Nicolás.

Una mañana varios sentenciados son sacados de sus celdas y llevados a la plaza de la fortaleza. Caminan lentamente porque tienen los tobillos encadenados, además saben que van a morir, porque la plaza es el lugar de los fusilamientos. Les vendan los ojos y los ponen contra el paredón, pero justo antes de que el oficial grite ¡fuego!, ingresa corriendo un mensajero con una orden de indulto.

De haberse cumplido la sentencia, Rusia y el universo literario habrían perdido a uno de los más grandes escritores, porque entre los prisioneros se encuentra Fiódor Dostoievski quien suspira aliviado después de haber pasado el momento más dramático de su vida. Esto ocurrió el 22 de diciembre de 1849 a tan solo un mes de haber cumplido 28 años.

                                              Fiódor Dostoievski (1821-1881)

Sin embargo, su futuro inmediato no iba a ser mucho mejor, le esperaban 4 años de trabajos forzados en Siberia, pero durante ese período infernal entre el hambre, el frío, la suciedad y los piojos, Dostoievski conoció nuevos personajes. Ya no se trataba de los intelectuales socialistas que lo acompañaron en la fortaleza. En Siberia compartió la celda con ladrones y criminales de toda índole y conoció a fondo los sentimientos y lo más profundo de la psicología de aquellos seres. Su interés por indagar en sus conflictos, sus odios sus culpas y sus desprecios por las vidas de los otros y de las propias, conformaron una experiencia riquísima que volcó años más tarde en su obra cumbre: Crimen y castigo.

Dostoievski tenía una contextura física y un organismo más bien endeble, ocasionalmente sufría ataques de epilepsia cuya duración era lo suficientemente prolongada como para quedar un par de días confuso y debilitado. Sorprende que no haya adquirido tuberculosis o fiebre tifoidea que lo llevaran a la tumba en aquellos parajes. Cuando regresó a San Petersburgo, el mundo había cambiado, sus amigos ya no estaban y nadie lo recordaba como escritor. Hasta entonces había escrito una sola obra importante: Pobres gentes.

Esta obra, como la mayoría de las que escribió Dostoievski, estaba inspirada en hechos reales. Su padre era un terrateniente de mediana envergadura que tenía varios siervos. En la Rusia de entonces, existía una condición social que era una especie de semiesclavitud con sus reglas propias, denominada servidumbre. La suerte de los siervos dependía de la voluntad y del carácter de sus amos. En el caso del terrateniente Mijail, el padre de Dostoievksi, sus campesinos no cayeron en el mejor lugar. El hombre era autoritario, injusto y los castigaba con frecuencia, hasta que un día se hartaron, lo agarraron entre varios y le hicieron tomar vodka hasta matarlo.

Dostoievski detestaba a su padre, pero se sintió culpable de ese sentimiento cuando se enteró de su muerte. Se introdujo en el submundo de los siervos, se interiorizó de la vida miserable que llevaban y el resultado fue Pobres gentes. La obra no fue exitosa, pero un día cayó en manos de Belinski, el principal crítico de la literatura rusa, quien se pasó toda la noche leyendo el libro y después le dijo a Dostoievski: “has escrito la primera novela social rusa”.

Fue una frase certera, porque Dostoievski con sus obras rompió el molde de la novela convencional. Consideraba que los escritores de su época reflejaban personajes con ideales abstractos, mientras que él describió la vida de la gente pobre de San Petersburgo, que en el fondo era su propia vida. Ya que la misma transcurrió en la pobreza, escapando de los acreedores y con periódicos ataques de epilepsia, cuyas características volcó en varios de sus personajes.

Cuando se publicó Crimen y castigo, el público quedó profundamente impresionado. En sus páginas estaba volcado todo el dolor humano que palpita desde los estremecedores cuadros de miseria, de vejación personal, de soledad y de asfixia moral propios de una gran ciudad. A través de personajes cuidadosamente compuestos, Dostoievski relata la historia de un crimen desde un punto de vista ajeno al de una novela policial o de terror. El aspecto central es el sentimiento de culpa, la justificación o no de actos criminales por la propia consciencia, y el desvelo de saberse autor de un crimen terrible.

En la vida personal de Dostoievski, la epilepsia, pese a sus connotaciones negativas de todo tipo no era su principal estigma, lo más grave es que sufría de ludopatía, el trastorno que impulsa al juego y las apuestas en forma descontrolada. Una de sus obras se llama El jugador y su prolegómeno merece ser relatado.

Dostoievski había dilapidado su fortuna en la ruleta y había contraído una deuda importante con su editor. Vencido el plazo estipulado, éste podía enviarlo a la cárcel, experiencia que Dostoievski no quería repetir.

Sus amigos lo veían tan angustiado que se ofrecieron para escribir la novela en conjunto, pero Dostoievski se negó rotundamente. Entonces, uno de ellos sugirió que contratara a una amanuense y así surgió en la vida del escritor Anna Grigoryevna, quien más tarde se convertiría en su segunda esposa y una ayuda inseparable e inestimable. Anna trabajó hasta altas horas de la noche, escribiendo, tachando y enmendando hasta que finalmente la novela fue terminada en el pazo establecido.

                                                   Anna Grigoryevna

El jugador, además de ser una de las obras literarias escritas en menos tiempo, es la expresión más acabada de un personaje trastornado por la compulsión al juego. Es notable que, habiendo sido elaborada con tanta premura, no se trate de una novela ligera ni de gestación forzada. Es tan meditada y profunda que, como las demás producciones de Dostoievski, se introduce de lleno en los caracteres de los personajes.

Portada de una de las ediciones de El Jugador. La cubierta es una pintura de Cézanne

Sin duda la obra está alimentada con experiencias vividas por el autor, ya que sólo aquel que ha padecido la pasión por el juego puede describir con tanta objetividad la excitación y el deseo incontrolable que surge ante una mesa de cartas o el característico tintinear de la bola saltando en la ruleta. En la novela hay muchos párrafos relatados en primera persona –probablemente el mismo Dostoievski– que son verdaderamente elocuentes: "Aposté a los pares veinte federicos de oro y gané, volví a poner y de nuevo gané. Y así dos o tres veces. En unos cinco minutos había reunido casi cuatrocientos federicos de oro. Era el momento de irme, pero una extraña sensación se apoderó de mí, algo así como un desafío al destino, un deseo de burlarme de él, de sacarle la lengua. Hice la máxima apuesta permitida, cuatro mil florines y los perdí. En un arrebato saqué el resto, repetí la jugada y de nuevo perdí".

Al final de la novela hay otra escena que describe claramente al jugador compulsivo: "Salí del casino, hurgué el bolsillo del chaleco y encontré un florín. Tendré con qué comer, pensé, mas apenas hube dado cien pasos, cambié de idea y regresé a la sala de juego. Puse aquel florín a pleno y puedo jurar que se experimenta una sensación particular cuando uno que está solo, en un país extraño, lejos de la patria, de los amigos, no sabiendo si va a comer aquel día, arriesga su último florín".

A esta obra le siguieron El idiota y Los hermanos Karamazov y por ese entonces Dostoievski gozaba de enorme fama y finalmente conoció la vida holgada.

El 9 de febrero de 1881 tuvo el último ataque de epilepsia que asociado con una hemorragia cerebral, lo llevó a la tumba. Su funeral fue una apoteosis, agrupaciones y personas de distintas ideas políticas y filosóficas, se unieron por primera vez para acompañar el féretro del creador del antihéroe, de la gente que vive al límite como había sido la mayor parte de su propia vida.

Fiódor Dostoievski. Biografías y vidas. La Enciclopedia Biográfica en Línea. https://www.biografiasyvidas.com/biografia/d/dostoievski.htm
Fiódor Dostoyevski. El jugador. Alianza Editorial.
Los hermanos Karamazov.
Fedo Dostoievski. Biblioteca Básica Universal. Centro Editor de América Latina. 1979, Buenos Aires.

Dostoyevsky. Encyclopaedia Britannica, tomo 17, pag 451-454. Chicago 1995.

jueves, 11 de enero de 2018

LA CUEVA DE MONTESINOS

Si nos preguntan qué aventuras recordamos del “caballero de la triste figura”, lo primero que nos viene a la memoria es su enfrentamiento con los molinos de viento a quienes, en su locura, imaginaba como enemigos que debía destruir en su misión purificadora de la humanidad y como ofrenda a su amada Dulcinea.


Sin embargo, son pocos los que conocen y recuerdan el episodio de la Cueva de Montesinos, pese a que sobre esta aventura se han escrito ríos de tinta y cada instante del relato suscitó alegorías con sus respectivas interpretaciones según el particular enfoque de filósofos, psiquiatras y psicoanalistas.


Nos cuenta Cervantes que hallándose Don Quixote en un pueblo de La Mancha, sus habitantes le comentaron sobre una cueva, llamada Montesinos, de la cual se tejían innumerables historias y leyendas, que le conferían un halo de magia y misterio que sonaron como música celestial en los oídos del caballero andante.
Después de invocar a Dios y a Dulcinea, se dirigió a la cueva y comenzó a descender por ella con la ayuda de Sancho.
Poco tiempo después surgió a la superficie ante la alegría de su escudero y quienes lo acompañaban.



––Sea vuestra merced muy bien vuelto, señor mío, que ya pensábamos que se quedaba allá para casta.
Pero no respondía palabra don Quijote; y sacándole del todo, vieron que traía cerrados los ojos, con muestras de estar dormido. Tendiéronle en el suelo y desliáronle, y, con todo esto, no despertaba; pero tanto le volvieron y revolvieron, sacudieron y menearon, que al cabo de un buen espacio volvió en sí, desperezándose, bien como si de algún grave y profundo sueño despertara; y mirando a una y otra parte, como espantado, dijo:
—Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más sabrosa y agradable vida y vista que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño o se marchitan como la flor del campo. (…) Me asaltó un sueño profundísimo, y cuando menos lo pensaba, sin saber cómo ni cómo no, desperté dél y me hallé en la mitad del más bello, ameno y deleitoso prado que puede criar la naturaleza, ni imaginar la más discreta imaginación humana. Despabilé los ojos, limpiémelos, y vi que no dormía, sino que realmente estaba despierto.

Seguidamente comenzó a divagar y relató que estuvo en un gran palacio y conoció a su dueño con quien platicó largamente. Al terminar su exposición Sancho le dice:
—Yo no sé, señor don Quijote, cómo vuestra merced en tan poco espacio de tiempo como ha que está allá bajo haya visto tantas cosas y hablado y respondido tanto.
—¿Cuánto ha que bajé? —preguntó don Quijote.
—Poco más de una hora —respondió Sancho.
—Eso no puede ser —replicó don Quijote—, porque allá me anocheció y amaneció y tornó a anochecer y amanecer tres veces, de modo que a mi cuenta tres días he estado en aquellas partes remotas y escondidas a la vista nuestra.

El sueño es tan realidad para don Quijote como el contarlo. La sensación de creer estar despierto cuando se está dormido es algo que posiblemente todas las personas hayan experimentado. Un tema sin solución, favorito de los filósofos, nunca sabrá el hombre si duerme o está despierto, y podría ser, como Calderón, Unamuno y tantos otros han sugerido, que vivir es solo soñar. En este relato, Cervantes parece estar sugiriendo que el tiempo es solo una medida que depende de la percepción de quien lo experimenta.

El episodio es un excelente ejemplo de que el tiempo carece de dimensiones en el sueño. El relato de la Cueva de Montesinos ha sido analizado exhaustivamente y está considerado un momento crucial de la novela, ya que se trata de la única aventura que Don Quixote enfrenta en soledad y permite estudiar su estado psicológico. La cueva en sí constituye un símbolo positivo, ya que son fuente de poder de magos, la sabiduría de profetas y la inspiración de poetas. Para Carl Jung la cueva representa el inconsciente.

 

A 80 metros de profundidad, en las afueras del término municipal de Ossa de Montiel (Albacete), se encuentra uno de los lugares más míticos en la ruta cervantina de Castilla-La Mancha, aquel en el que su personaje Don Quijote sufría el encantamiento más intenso y famoso de la literatura universal. La Cueva de Montesinos se ha ido formando a lo largo de los siglos debido a los procesos de disolución del agua de lluvia en las rocas de la zona, y en su interior discurre un pequeño riachuelo.



Actualmente está flanqueada por grandes bloques de piedra que obstruyen parcialmente la entrada quedando, no obstante, suficiente espacio para adentrarse en el recinto subterráneo, sin necesidad de agacharse. Próxima al "umbral", a la izquierda, está la oquedad "portal" que en otros tiempos llamaban “de los Arrieros”, por guarecerse éstos en circunstancias de inclemencias climatológicas.
  
A partir de la mitad de la cavidad aparece la zona más amplia conocida como la Gran Sala, de cuyo techo cuelgan multitud de murciélagos. Dentro de la misma se han hallado restos de herramientas, que manifiestan la actividad humana desde tiempos remotos, como cuchillos y puntas de flechas de silex. Pertenecerían a hombres del Neolítico final y de los inicios de la Edad de los Metales.


La cerámica también se halla presente en pequeños fragmentos. También se encontraron objetos metálicos como sellos, sortijas, aretes y monedas pertenecientes al Alto Imperio de Alejandro Severo, siglo I de la era cristiana. Esto nos demuestra que familias romanas, se asentaron hace casi dos mil años, en las proximidades de la caverna.  


Por lo tanto la Cueva de Montesinos es una realidad que inspiró a Cervantes la elaboración de este magnífico episodio, que dio abundante alimento a todo tipo de interpretaciones, aunque quizás la más sensata fuera la del simpe y analfabeto Sancho Panza, quien encontró la prueba definitiva e inapelable de que su señor estaba loco de remate.

 Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quixote de la Mancha.

Alicia Avilés Pozo. La Cueva de Montesinos, el encantamiento bajo tierra de Don Quijote. Eldiario.es 05/08/2016.

Abraham JT. Symbolism in the Cave of Montesinos. Wisconsin Academy of Sciences Arts & Letters 1992;80:51-56.



miércoles, 3 de enero de 2018

EL INSIGNIFICANTE BRUCKNER



                                           Anton Bruckner (1824-1896)

Cualquiera que llegara a entrevistarse con Anton Bruckner quedaría con la sensación de haber conocido a un individuo insignificante, totalmente incapaz de alcanzar algún tipo de logro o trascendencia en la vida. Algo bajo de estatura, rostro vulgar y expresión infantil, sumergido en trajes desprolijos y mayores que su talla, Bruckner no parecía en absoluto dotado para triunfar en la vida, más bien estaba hecho para pasar desapercibido o a lo sumo recibir una mirada indiferente.

Su comportamiento social corría paralelo a su apariencia física, se consideraba inferior a cualquiera y si ocasionalmente alguien lo alababa, podía emocionarse hasta las lágrimas. A este anodino bagaje que integraba su personalidad, había que agregar que aquél hombrecito sufría un fuerte trastorno obsesivo compulsivo, con comportamientos bizarros, como luego se verá.

Sin embargo, la conocida frase de que el hábito no hace al monje encaja perfectamente en Bruckner, porque llegó a ser uno de los grandes compositores del siglo XIX; su música ha trascendido en el tiempo y forma parte del repertorio de todo director de orquesta.

Infancia y adolescencia
Bruckner nació en un pueblito de Austria llamado Ansfelden; sus padres eran profesores de escuela y consideraron que el vástago debía seguir los mismos pasos. Austria era, y sigue siendo, un país musical por excelencia. Una de las materias más destacadas era música y Bruckner se impregnó de ella desde la infancia.

Su diligencia y capacidad para el estudio le permitieron ingresar a una escuela de mayor nivel de la que asistía, cuyo director era un destacado organista. Gracias al interés de su padre por la música, Bruckner, que sabía tocar el órgano, perfeccionó su técnica en aquella escuela y también se enamoró para siempre de este instrumento que lo fascinaba.

    Monasterio Agustino de Sankt Florian

Después de la muerte de su padre, fue enviado a la edad de 13 años a integrar el coro del monasterio agustino de Sankt Florian, donde el Coro de Niños Cantores era famoso por su calidad y por su trayectoria en el tiempo, puesto que el Instituto Coral se inició en el año 1071. Durante 800 años pasaron por allí numerosos estudiantes de canto, que se transformaron en excelentes músicos, pero hoy, cuando se habla de Sankt Florian y su coro, la asociación con el nombre de Bruckner es inmediata. 

El instituto poseía un órgano que era famoso en Europa por su calidad y el muchacho se pasaba las horas tocando hasta convertirse en un virtuoso. Fue allí donde produjo su primera obra ambiciosa: el Requiem en D menor. En la actualidad, cuando los guías que muestran el monasterio a los turistas llegan al célebre instrumento, lo describen como el “órgano de Bruckner”.

                       El órgano de Bruckner en el Monasterio de Sankt Florian.

Desde 1845, a la edad de 21 años y durante 10 años, fue profesor de música y el organista de Sankt Florian. Posteriormente se trasladó a Viena y, después de completar sus estudios musicales, se presentó al examen para el cargo de profesor en el Conservatorio de Viena. La prueba era el desafío más difícil al que se exponían los músicos vieneses y el comité examinador estaba formado por cinco músicos de prestigio. Se le encargó un tema que Bruckner desarrolló con tal pericia y poder de improvisación que uno de los jueces exclamó: “Este postulante sabe más de música que todos nosotros juntos”.

Encuentro con Wagner
Durante varios años se desempeñó como organista de la Catedral de Linz y también fue director de la Sociedad Coral de Viena. Aquí llegamos al año 1863, cuando Bruckner conoció por primera vez la música de Richard Wagner, que le cambió la vida, porque es indudable que influyó sobre el estilo de sus composiciones posteriores.

Cuando Bruckner asistió al estreno de Tannhauser, en Viena, y dada su tendencia a desvalorizarse, se mostró totalmente insatisfecho con sus propias obras. En 1865, fue uno de los peregrinos fanáticos que se trasladó a Munich a escuchar el estreno de Tristán e Isolda y, al regresar a Viena, su admiración por Wagner se transformó en veneración.

                          Richard Wagner (1813-1883)

Un día, después de varios intentos en que se mantuvo a respetuosa distancia de su ícono sagrado, tomó coraje y se presentó ante el maestro. Es difícil imaginar el conflicto interno que pudo haber tenido hasta superar su timidez y enfrentar a Wagner cara a cara. Temeroso, le mostró el borrador de su primera sinfonía. Wagner quedó impactado y lo elogió calurosamente. Bruckner apenas pudo contener las lágrimas.

En otra ocasión, después de escuchar Parsifal, se arrodilló ante Wagner mientras exclamaba: “Me postro ante usted, venerado maestro”. Cuando Wagner murió, visitó su tumba en varias ocasiones y se paraba ante ella por largo tiempo mientras las lágrimas afloraban a sus ojos. Estas visitas, como se verá después, formaban parte de su trastorno obsesivo compulsivo.

La inhóspita Viena
En Viena había tantos compositores e intérpretes que era muy difícil ascender en la escala del reconocimiento. Incluso Mozart, no fue debidamente apreciado en varias oportunidades. En el caso de Bruckner, la ciudad le fue particularmente hostil, no solo por su personalidad que rayaba en la insignificancia, sino además por haber tomado partido por Wagner, con lo que se ganó el rechazo de muchos músicos opuestos al estilo wagneriano y a sus ideas políticas.

Cuando en 1877 dirigió su Tercera Sinfonía, porque ningún otro director quiso ocupar ese lugar, la función fue boicoteada con gritos y risas, y cuando finalizó la obra y enfrentó a la platea, comprobó horrorizado que solo habían quedado 25 personas. Los músicos se fueron retirando discretamente dejándolo solo en el escenario. Sin embargo, un joven de la minúscula audiencia se acercó para expresarle su admiración: se llamaba Gustav Mahler.

Conductas extrañas y trastorno obsesivo compulsivo
Para colmo de males, las experiencias de Bruckner con el sexo opuesto fueron tan desalentadoras como sus intentos para hacer conocer sus composiciones. Su aspecto insignificante no generaba el más mínimo interés en las mujeres, a lo cual se agregaba una patética táctica de seducción que producía un rápido rechazo. Por otra parte, Bruckner poseía la peculiar tendencia a cortejar a mujeres adolescentes cuando él ya frisaba los cuarenta años. Como era católico práctico, no tuvo relaciones prematrimoniales y se sospecha que fue virgen toda su vida. Se le descubrió una agenda donde anotó minuciosamente el nombre, la edad y la dirección de numerosas jovenzuelas que lo cautivaron o que cortejó sin éxito. 

Este detallismo nos lleva a su principal afección: el trastorno obsesivo compulsivo. Estando en la calle solía contar el número de ventanas de un edificio, los adoquines del pavimento, los árboles o los ladrillos de una pared. Antes de comenzar una función se detenía leyendo la partitura de la obra y enumerando los compases para asegurarse que las proporciones eran estadísticamente correctas. Era frecuente que revisara repetidamente sus composiciones, haciendo modificaciones muchas veces innecesarias.

Su otra obsesión era la muerte, y cuando su madre murió, hizo fotografiar el cadáver, enmarcó la foto y la puso sobre su escritorio. Como allí estaba el piano donde sus alumnos practicaban, la imagen del cuerpo de la madre muerta era motivo de fascinación y asombro para los estudiantes.

Su obsesión con los muertos lo convirtió en asiduo concurrente a los velatorios y lo impulsó a visitar los cementerios y contemplar restos humanos de personas totalmente extrañas para él. En una ocasión pidió autorización para que se exhumara el cuerpo de una prima suya y contemplarlo, petición que le fue denegada por las autoridades del cementerio. 

Bruckner solicitó ver el cuerpo del Emperador Maximiliano, traído desde México, donde había sido ajusticiado. Cuando los restos de Beethoven y Schubert fueron trasladados a la necrópolis central de Viena, allí estaba él presente, acariciando y besando el cráneo de ambos compositores.

Los años de éxito
En 1868, este excéntrico personaje se mudó en forma definitiva a un pequeño departamento de tres habitaciones en el centro de Viena, donde daba sus clases de música y estaba siempre atendido por su fiel mucama Kathi.

En 1881 se estrenó en Viena su Cuarta Sinfonía, con una calurosa recepción por parte del público. Mayor éxito aún tuvo su Séptima Sinfonía, ejecutada esta vez en Leipzig, Alemania. Un crítico que presenció la obra describió que Bruckner estaba completamente emocionado, los labios le temblaban, y con los ojos humedecidos se esforzaba para no estallar en llanto.

La Séptima Sinfonía se siguió tocando con igual aceptación en otras capitales de Europa. Pronto sucedieron los reconocimientos; en 1891 recibió el Doctorado Honorífico de la Universidad de Viena y, poco después, el Emperador Francisco José le otorgó la Insignia Imperial. Cuando cumplió los 70 años hubo una celebración en toda Austria.

Bruckner falleció en 1896 a los 72 años; fiel a su obsesión por los muertos, había dado instrucciones de que su cuerpo fuera embalsamado. A su funeral asistió una multitud y el cortejo fue acompañado por el movimiento lento de su Séptima Sinfonía. 

                                 Funeral de Bruckner

Entre el público, acompañando emocionado el féretro, se encontraba Johannes Brahms, uno de sus principales detractores durante el período antiwagneriano. Fue una pena que Bruckner no lo pudiera ver, hubiera significado su mayor triunfo y gratificación.

Bibliografía consultada

·         Tom Service. Sex, death and dissonance: the strange, obsessive world of Anton Bruckner. The Guardian. 01/04/2014.

  • Milton Cross. Encyclopedia of Great Composer and their Music. Volumen 1, Doubleday 1962, New York.
  • Bruckner, Anton. Encyclopaedia Britannica, volumen 2, pág. 569-570, Chicago; 1995.


martes, 26 de diciembre de 2017

LOS INMERECIDOS PREMIOS NOBEL




La organización del Premio Nobel es una institución con fines loables, al menos así se lo propuso inicialmente, que a lo largo de los años ha incurrido sea por descuido, por falta de información y más que nada por razones arbitrarias, en serias irregularidades en la selección de los candidatos al Nobel. Más grave aún es, en el caso de las ciencias, otorgarle el galardón a uno o varios científicos en detrimento de otros que hicieron un aporte similar e incluso mayor sobre la misma investigación. No se descarta en estos casos el peso de las relaciones personales con los miembros del comité y las intensas operaciones de lobby, por ejemplo de Estados Unidos, que ejercen presión sobre un determinado candidato de ese país.

Cuando se trata del Nobel de la Paz la situación es diferente y se puede decir que posee un historial de injusticias flagrantes. A diferencia de las otras disciplinas donde queda inmerecidamente excluido un escritor o un científico, en el tema de la paz ocurre lo opuesto: quedan inmerecidamente incluidos personajes que estaban lejos de merecerlo.

Los inmerecidos Premios Nobel de la Paz
1945- Cordell Hull


Cordell Hull fue senador en el Parlamento de Estados Unidos y seguidamente Secretario de Estado del gobierno. Fue premiado con el Nobel por su activa participación en la creación de las Naciones Unidas, que se supone tiene entre sus principales objetivos, a través de su Consejo de Seguridad, el evitar los conflictos bélicos entre sus miembros.

Hasta aquí todo parece marchar correctamente, pero Hull durante su período como Secretario de Estado del presidente Franklin D. Roosevelt fue protagonista de la crisis del Saint Louis, un episodio que lo descalifica para el Nobel de la Paz.

El Saint Louis era una nave que partió de Hamburgo en el verano de 1939 con 950 refugiados judíos que escapaban de la persecución nazi. Inicialmente el presidente Roosevelt estaba dispuesto a recibirlos, pero se encontró con una fuerte oposición de Hull y de varios demócratas de los estados sureños que incluso llegaron a amenazarlo con retirarle el apoyo en las elecciones del año siguiente. La nave quedó a la espera en el Golfo de México cerca de las costas de Florida y después de tratativas con Cuba, que no dieron resultado, regresó a Europa. Los tripulantes judíos recibieron asilo en el Reino Unido y varios países del continente, pero cuando Hitler invadió Europa, muchos de ellos murieron en los campos de concentración nazis.

1973- Henry Kissinger

Este caso es paradigmático y en la actualidad está considerado por la opinión general como el error más garrafal realizado por el comité del Nobel.

A Kissinger se le otorgó el premio por gestar el Acuerdo de Paz de París para dar término a la guerra de Viet Nam.
Sin embargo, Kissinger está lejos de ser un pacifista, en el caso de Viet Nam, a Estados Unidos no le quedaba otra opción. El comité no se preocupó en analizar el comportamiento de Kissinger en América Latina, total es un continente distante de su sede en Oslo. No vio o no quiso ver que este sujeto responde a los intereses de la CIA y que a través del Plan Cóndor que organizó junto con el dictador Pinochet, se abocó a derrocar a todas las democracias legítimas reemplazándolas por golpes de estado sangrientos donde los fusilamientos, las torturas y las desapariciones estuvieron a la orden del día durante más de una década.

La decisión de otorgarle el Nobel provocó que dos miembros del comité renunciaran y que la jerarquía y calidad de este premio sufriera un retroceso del cual no se ha recuperado, por el contrario nuevas adjudicaciones inmerecidas lo mantienen en un estándar de valor muy bajo.

1979 Menachem Begin


Recibió el Nobel de la Paz junto con el presidente egipcio Anwar el Sadat por haber gestado el tratado de paz de Camp David.
Este mismo personaje intentó asesinar al canciller de Alemania Konrad Adenauer en 1952. El plan consistió en entregarle una enciclopedia que contenía una bomba. El paquete fue inspeccionado antes de llegar a destino y explotó causando la muerte de un experto en explosivos e hiriendo a dos colaboradores.
Durante su gobierno como primer ministro de Israel, Begin ejerció un nacionalismo agresivo que exacerbó el conflicto con los árabes: fomentó los asentamientos judíos en los territorios palestinos ocupados, trasladó la capital de Israel a la disputada Jerusalén (1980), declaró la anexión de los altos del Golán arrebatados a Siria (1981), e invadió el Líbano para acabar con las bases de la resistencia palestina (1982).

2009 Barack Obama

El Nobel al entonces flamante presidente de los Estados Unidos, se justificó en “sus esfuerzos extraordinarios para intensificar la diplomacia internacional y la cooperación entre los pueblos”. Se trata de una frase genérica que se pudo haber aplicado a decenas de políticos destacados en los siglos XX y XXI. No hay alusión a ningún hecho puntual en el que Obama haya solucionado o prevenido algún conflicto bélico. Por el contrario, durante su gestión se intensificaron las guerras en Medio Oriente, el presupuesto militar siguió altísimo, no supo o no pudo enfrentar al poderoso Club del Rifle y ni siquiera, pese a sus promesas, desmanteló la base militar de Guantánamo.

El propio Obama señaló que estaba sorprendido de recibir el premio y tuvo la franqueza de decir que no lo merecía, pero le faltó dignidad para rechazarlo. El fallo mereció que el The New York Times dijera que la dirección del periódico quedó atónita ante la nominación.

Para obtener un Premio Nobel de la Paz, un presidente de Estados Unidos tendría que controlar al Pentágono, a la industria de armamentos y eliminar al Club del Rifle. No se dio hasta ahora en la historia de ese país y menos con Obama.

2012 La Unión Europea

El argumento para otorgarle el Nobel a la Unión Europea fue que “por más de 6 décadas contribuyó al progreso de la paz, la reconciliación, la democracia y los derechos humanos en Europa”. Nuevamente frases vacías que se pueden aplicar a cualquiera. Varios laureados que previamente pasaron por el podio del Nobel sentenciaron que la Unión Europea claramente no es un campeón de la paz. La única explicación de esta decisión es que el comité en el momento de la votación lo hizo en una cena donde la bebida corrió en abundancia.

Además, en este caso, el comité del Nobel, ignoró una de las cláusulas establecidas por su fundador: el premio es para personas no para instituciones.

Creo que el Nobel de la Paz, como premio debería extinguirse, está demasiado desacreditado, casi prostituido, no solo por las escandalosas decisiones tomadas de alto contenido político sino también como los que quedaron excluidos como Mahatma Gandhi, Estela de Carlotto, Dag Hammarksjold, Patrice Lumumba y tantos otros.

Luke Harding. Menachem Begin plotted to kill German chancellor. The Guardian 15/06/2006.

Jak Phillips. Top ten Nobel Prize controversies. Time 07/10/2011.

Thomas Pole. Why has the Nobel Prize chairman been demoted? BBC NEWS, 05/03/2015.

domingo, 17 de diciembre de 2017

BONDADES DEL LIMÓN

En los siglos XVII y XVIII, la navegación había avanzado lo suficiente como para que los marinos se atrevieran a afrontar la inmensidad de los océanos, introducirse en lo desconocido y descubrir nuevos territorios para conquistar. Había comenzado la época de las grandes travesías, pero los barcos a vela tardaban semanas y meses para llegar a un destino determinado.

En esos viajes, los naufragios, los ataques de barcos piratas y las batallas náuticas se cobraban la vida de muchos marinos. Sin embargo, la causa más frecuente de mortalidad, la que hacía verdaderos estragos en la tripulación, era el escorbuto. La enfermedad era conocida desde tiempos remotos y el primer registro de los síntomas lo hizo Hipócrates, quien con su aguda observación, hizo una detallada descripción del cuadro clínico. En su tratado de medicina señalaba la aparición de sangrado de las encías, manchas en la piel, caída de los dientes, pérdida de fuerzas y finalmente la muerte por hemorragias internas.

Se dice que durante uno de los viajes de Colón, numerosos marineros adquirieron la enfermedad y varios de ellos pidieron ser abandonados en alguna isla porque preferían morir en tierra y no en el barco. El almirante les permitió descender en una de las islas que hoy se conocen como Antillas Holandesas. Los marineros se alimentaron de las frutas y plantas de la zona y pronto recobraron la salud. Cuando a su regreso, Colón los recogió, comprobó asombrado que estaban totalmente recuperados. La isla fue bautizada Curazao que en portugués significa curación.

En su segundo viaje al norte de América, el explorador francés Jacques Cartier, remontó en 1535 el río San Lorenzo y se vio obligado a pasar el invierno en el territorio que actualmente corresponde a la ciudad de Quebec. Varios marineros de la tripulación fallecieron de escorbuto hasta que los indios les suministraron una infusión de cedro blanco y el resto de los hombres se salvó.


                                     Jacques Cartier (1491-1557)

Muchos años después se comprobó que cada 100 gramos de la planta contenía 50 mg de vitamina C. Evidentemente la dieta de los nativos, tanto de América del Norte como de América del Sur, era mucho más completa y fisiológica que la de los europeos.

A fines del siglo XVI, el almirante inglés Richard Hawkins recomendaba beber jugo de limón y de naranja para prevenir el escorbuto. Otras voces también advirtieron sobre la necesidad de mejorar la dieta de las tripulaciones, pero ninguna de estas experiencias y recomendaciones fue tomada en cuenta probablemente debido a su escasa difusión. 

Mientras tanto, el escorbuto siguió cobrándose un alto número de muertes que oscilaba entre el 20 y el 40% de la tripulación, dependiendo de la longitud de la travesía. Los que quedaban vivos regresaban a sus hogares desdentados y hechos verdaderas piltrafas humanas. Se desconocía el origen de la enfermedad y nadie la atribuía a la pésima alimentación a bordo, carente de nutrientes, especialmente de frutas y de verduras. Los largos viajes iban reduciendo las reservas de vitamina C en el organismo hasta llegar a un punto crítico en que se desencadenaba el escorbuto.


                                        James Lind (1716-1794)

En 1739, James Lind se incorporó como cirujano en la marina inglesa realizando numerosos viajes. En uno de ellos llevó a cabo los experimentos cuyos resultados sentaron las pautas para la profilaxis y el tratamiento del escorbuto y también produjeron una revolución en la investigación médica. El 20 de mayo de 1747 recibió, a bordo de la nave Salisbury, 12 enfermos de escorbuto. Según su descripción: “todos tenían las encías podridas, manchas en la piel, lasitud y debilidad de las rodillas”. Los 12 recibieron una alimentación base similar, constituida por gachas endulzadas con azúcar, caldo de cordero, budines, galleta cocida con azúcar, cebada, arroz, pasas, harina y vino. Lind dividió esta población en 6 grupos, dos de estos enfermos recibieron diariamente, como aporte adicional, un cuarto de galón de sidra tres veces al día, otros dos tomaron 2 cucharadas de vinagre tres veces al día. Dos de los más graves recibieron media pinta de agua de mar. Otros 2 recibieron 2 naranjas y un limón por día. Dos más tomaron 25 gotas tres veces al día de elixir de vitriolo. Los dos enfermos restantes recibieron semilla de nuez moscada tres veces al día y una mezcla de ajo, semilla de mostaza, bálsamo del Perú y resina de mirra.

 Lind comprobó que los efectos más repentinos y visiblemente favorables se produjeron en los dos marineros que recibieron naranja y limón. Uno de ellos quedó lo suficientemente recuperado como para retomar las tareas a bordo. El otro tuvo una mejoría más lenta y fue designado enfermero de los demás.


En 1753 Lind publicó su obra Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto, donde recalcó que sus experimentos demostraban en forma contundente la eficacia de los jugos de cítricos para curar el escorbuto. Recién en 1789 la Marina Inglesa incorporó en forma rutinaria estos ingredientes en la dieta de a bordo.

A principios del siglo XIX, el escorbuto había dejado de ser un flagelo entre los hombres de mar. Sin saberlo Lind había establecido lo que se convertiría en la piedra angular de las investigaciones científicas: la medicina basada en la evidencia. Actualmente cuando se quiere probar la eficacia de un medicamento, se recurre indefectiblemente a esta metodología: un grupo de enfermos recibe el nuevo fármaco y al otro grupo se le administra un placebo. La única diferencia es la incorporación del sistema de doble ciego, o sea que tanto el paciente como el médico participante ignoran cuál es el placebo y cuál el medicamento.

Entre 1928 y 1933, los investigadores húngaros Joseph L Svirbely and Albert Szent-Györgyi, aislaron por primera vez la molécula a la cual denominaron factor antiescorbuto y que pronto pasó a llamarse ácido ascórbico. Por su descubrimiento Szent-Györgyi fue galardonado en 1937 con el Premio Nobel en medicina.


                                   Joseph Svirbely y Albert Szent- Györgyi

En 1934, el químico inglés Sir Walter Norman Haworth y en forma independiente, el químico polaco Tadeus Reichstein, lograron sintetizar el ácido ascórbico, lo cual permitió su producción masiva y económica y pasó a llamarse vitamina C. El laboratorio Hoffman-La Roche fue el primero en producirla bajo el nombre de Redoxon.

Jeremy Hugh Baron. Sailors’ scurvy before and after James Lind. Nutrition Reviews 67 (6): 315-332.
José Luis Santana Gómez. James Lind, vencedor del escorbuto. Revista Cubana de Medicina General Integral, julio-septiembre 1995.