viernes, 18 de mayo de 2018

UNA CURIOSA GALERÍA DE ARTE


Entre los atractivos y fascinantes lugares que ofrece la ciudad de Londres, se encuentra algo escondido y poco frecuentado por el turista, la National Portrait Gallery, una curiosidad única dentro de las exhibiciones artísticas de Europa, y quizás del mundo.

La colección que posee casi 200.000 cuadros, hace que un día, ni siquiera una semana, sea suficiente para indagarlos con detalle. Está casi exclusivamente dedicada a retratos, y en menor número a fotografías, caricaturas y esculturas de personas que trascendieron en la historia de Inglaterra. 

Obviamente no faltan los autorretratos de William Hogarth, Joshua Reynolds y Thomas Gainsborough, por citar solo los más conocidos. Rembrandt con sus numerosos autorretratos no logró figurar, sencillamente porque no es inglés.

                                    La National Portrait Gallery

Ocupando gran parte de la exhibición se encuentra la larga lista de monarcas, empezando por Enrique VIII, sus esposas tanto las enteras como las descabezadas y la mayor parte de la nobleza. Pero también hay escritores, inventores, científicos, destacados militares, políticos y no faltan quienes alcanzaron el más alto cargo del Almirantazgo, porque al fin y al cabo durante varios siglos Inglaterra fue la Reina de los mares.


             Una sala correspondiente a personajes de los siglos XV y XVI

El nacimiento de esta galería no fue fácil, pero contó con un individuo entusiasta que insistió con el proyecto hasta hacerlo realidad. Como es de imaginar se trataba de un personaje de la nobleza, el conde Philip Henry Stanhope, quien al ser miembro del Parlamento expuso sus argumentos en la Cámara de los Comunes en 1846. 

Su propuesta no tuvo eco, pero el hombre era empecinado y lo volvió a intentar en 1852 y en 1856 y en esta última ocasión lanzó un encendido discurso diciendo: “el propósito es crear una galería de retratos originales que abarque a la mayor cantidad de las personas con más honores en la historia británica, ya sean guerreros, estadistas, artistas, escritores o científicos”.

Su arenga tuvo éxito y la Reina Victoria no solo dio su consentimiento sino que aportó de su bolsillo 2000 libras. Se inauguró en Westminster en 1859 y la idea era que el personaje retratado debía tener como mínimo diez años de enterrado. Con el correr del tiempo, el recinto ya no podía contener tantos retratos y a medida que se fueron incorporando nuevos personajes, los cuadros sufrieron sucesivos traslados hasta quedar ubicados en su lugar actual, el sitio que por sus características es el más adecuado para esta exhibición: Trafalgar Square, donde el almirante Horacio Nelson la contempla satisfecho desde su estilizado monumento.

                              Almirante Horacio Nelson

En 1969, se relajó el criterio de los 10 años y hasta se aceptaron personajes vivientes que por el aporte realizado al Imperio, o lo que de él queda, merecen figurar entre los grandes. De esta manera, atravesaron la gigantesca puerta de la National Portrait Gallery para unirse al podio de los inmortales, Diana la Princesa de Wales, más conocida como lady Dy, los Beatles, J.K. Rowling, la autora de Harry Potter, los Rolling Stones y los últimos premios Nobel que adquirió la ciencia inglesa. Si vivieran, muchos nobles fruncirían el ceño en desaprobación ante esta avalancha de advenedizos que como un torbellino los está relegando al olvido.

                                        Lady Di

La calidad de los retratos es lo que menos importa en esa galería, y mezclados como la biblia junto al calefón, se encuentran obras de arte de los grandes pintores ingleses que retrataron a nobles que pagaron fortunas para ingresar a la posteridad, junto con cuadros de autores desconocidos. Lo que siempre se privilegia son los méritos y hazañas del retratado antes que la calidad del retratista.

                                       J.K. Rowling

La National Portrait Gallery es tan fascinante como agotadora, por la ausencia de diversidad, ya que la temática es una sola, rostros o personajes de cuerpo entero que se suceden a lo largo de las galerías, pero si uno llegó hasta el hartazgo, le sugiero que vaya a la azotea donde se encuentra uno de los mejores restaurantes de Londres.

La galería plebeya
Hace poco la galería realizó una muestra revolucionaria llamada Below Stairs, que muestra una nueva evidencia de la capacidad creativa de los ingleses. Consta de 400 obras que se refieren exclusivamente a retratos que nada tienen que ver con el boato que rodea a los de la National Portrait Gallery. Se trata del personal de servicio de castillos, palacios y grandes mansiones de Inglaterra.

Algunos se preguntarán la razón de semejante exhibición. La respuesta es muy sencilla, para los ingleses el personal de servicio es una institución tan importante como el té de la cinco de la tarde o beber el mejor whiskey escocés. Esto se percibe en la literatura, en las obras de Jane Austen, Charlotte Bronte y Charles Dickens, en el teatro de Oscar Wilde y todas ellas llevadas reiteradamente al cine. La complejidad del servicio doméstico es de tal magnitud que la mejor forma de entenderlo es viendo la serie Downton Abbey.

Existe un escalafón que se respeta rigurosamente, donde el mayordomo es la máxima autoridad en la escala jerárquica. Su inglés es perfecto y de él depende todo el resto del personal, excepto el ama de llaves que goza de cierta independencia.

En sucesivos escalones descendentes se encuentran los ayudas de cámara de los dueños de la mansión, las doncellas personales de sus esposas e hijos, el cocinero y sus ayudantes, el cuidador de los establos y hasta el halconero y el cuidador de faisanes. Saltar de un escalón a otro no era imposible pero sí muy difícil. Todos vestían frac y debían lucir impecables y tanto el ayuda de cámara como las doncellas personales, no sentían menoscabo alguno en vestir y desvestir a sus amos y hasta sugerirles, la ropa, el collar y los aros que lucieron cada día.

Cuanto más alto es el rango del dueño de casa, más orgullosos se sienten los miembros de la servidumbre de pertenecer a tan poderoso señor y cuando éste regresa de un viaje que le produjo una ausencia prolongada, todo el personal de servicio forma una doble fila, conservando siempre el orden jerárquico, para recibirlo en la entrada de la mansión. La misma ceremonia se repite ante la visita de un personaje distinguido.

Quienes figuran en esta galería no ostentan medallas ni condecoraciones, no hay altanería ni arrogancia en sus miradas y justamente por eso son rostros que miran con espontánea naturalidad al observador. Algunos de ellos trabajaron para grandes personajes como la Reina Victoria y el Almirante Nelson, otros fueron adquiriendo posiciones con gran esfuerzo y habilidad y no pocos lograron establecerse como miembros de la sociedad.

En general, la calidad de las pinturas es mediocre. Las obras están realizadas por aprendices o artistas desconocidos de segunda categoría. Se desconoce el nombre de muchos de ellos o están identificados en las historias de las casas donde barrieron y donde transportaron, subiendo y bajando escaleras, bandejas de plata en sus manos enguantadas de blanco.

Sin embargo es preciso señalar una honrosa excepción. Se trata de William Hogarth quien pintó los rostros de sus seis criados, haciéndolos posar uno por vez y adjudicándoles un lugar en el lienzo. Cada uno con su propia individualidad, su apariencia natural y sus vestimentas cotidianas de trabajo. 

       William Hogarth. Seis estudios de cabezas (los sirvientes del pintor)

Se nota que ha tratado cada rostro con cariño, lo cual es coherente con las fuentes contemporáneas al autor, que señalan que sus criados le tenían una gran devoción. No se relacionan entre ellos, sino que son poco más que cabezas apiñadas en un pequeño espacio. Cada uno mira en una dirección distinta, sin revelar nada sobre sí mismos.

Rodrigo Fresan. Amos y criados. Suplemento RADAR de Página 12, 18/01/2004
National Portrait Gallery, London, Wikipedia. https://en.wikipedia.org/wiki/National_Portrait_Gallery,_London
Below Stairs. National Portrait Gallery. London. http://www.npg.org.uk/business/publications/below-stairs.php



jueves, 10 de mayo de 2018

EGAS MONIZ Y LA LOBOTOMÍA FRONTAL


La película que descalificó un método terapéutico
Quizás uno de los alegatos más impactantes contra la lobotomía frontal, actualmente conocida como psicocirugía, fue la película de Milos Forman Atrapado sin salida (One Flew Over the Cuckoo's Nest), basada en la novela de Ken Kessey.


Jack Nicholson en una escena de la película Atrapado sin salida, de Milos Forman, producida en 1975.

El personaje, Randle McMurphy, genialmente interpretado por Jack Nicholson, es un interno limítrofe con cargos de robos menores. En el instituto penal en que se encuentra deciden que podría beneficiarse en un hospital psiquiátrico. 

McMurphy pronto se rebela contra el régimen opresivo que ejerce la jefa de enfermeras, y esta finalmente lo conduce por la fuerza al quirófano, donde, sin consentimiento alguno, es sometido a una lobotomía. Cuando regresa junto a los demás internados, ya no es el personaje alegre y extrovertido que solía organizar juegos y entretenimientos. El procedimiento quirúrgico lo transformó en un zombi, una piltrafa humana. Uno de sus compañeros considera que no merece vivir en ese estado y lo asfixia con una almohada para después escapar desesperado a través de una ventana.

Egas Moniz: el creador de la lobotomía



                                         Egas Moniz (1874-1955)

En 1949, el psiquiatra y neurocirujano Egas Moniz compartió con Walter Rudolf Hess el Premio Nobel de Medicina. En el caso de Moniz, el galardón le fue otorgado por “el descubrimiento del valor terapéutico de la lobotomía en ciertas psicosis”.

La lobotomía fue una técnica muy controvertida. A través del tiempo se comprobó que los daños que provocaba superaban a los beneficios, con el agravante de que en las primeras décadas en que fue utilizada se abusó de su indicación y en algunos centros fue aplicada en forma indiscriminada.

La historia de la medicina revela que, a través de los siglos, los enfermos mentales fueron quienes más sufrieron todo tipo de agresión terapéutica, sin mencionar el maltrato físico al que eran sometidos.

¿Quién fue Egas Moniz? Antonio Gaetano de Abreu Freire nació en 1874, en una pequeña villa portuguesa; de niño, por sugerencia de su tío, adoptó el nombre de Egas Moniz, una figura histórica del siglo XII, héroe de la resistencia contra los moros y antepasado familiar. Este nombre se impuso sobre el suyo original, que más tarde cayó en el olvido.

Sin duda, se trató de un personaje polifacético, ya que, además de ejercer la medicina, tocaba con habilidad instrumentos musicales, e incursionó en la política, por la cual alcanzó altos cargos gubernamentales.

Su tesis doctoral fue una obra de dos volúmenes, titulada Sobre la vida sexual; seguramente era un tratado ameno e interesante ya que en las décadas siguientes alcanzó 19 ediciones.

Fue en París donde Moniz adquirió sus conocimientos de psiquiatría y neurología, y lo hizo junto a destacados científicos de La Salpetrière, como Fulgence Raymond, Pierre Marie, Jules Dejerine y Félix Babinsky. A su regreso a Portugal, sus antecedentes curriculares le permitieron llegar al cargo de profesor titular de Anatomía y Patología en la Universidad de Coimbra.

Sin embargo, desde 1903 hasta 1919, período en que ocupó el cargo, Moniz volcó su entusiasmo a la política que lo envolvió en momentos de gloria y de amargura debido a la turbulencia que reinaba en Portugal. Conoció brevemente la cárcel, participó en un duelo, del que afortunadamente salió ileso, se rodeó de amigos y de acérrimos enemigos hasta que se convenció de que su futuro estaba en la medicina.

La lobotomía y el Premio Nobel
En una ocasión, Moniz escapó de la muerte cuando un paciente con trastornos mentales le disparó con un arma de fuego. Fue quizás este episodio el que le sugirió la idea de que ciertos trastornos mentales exigían procedimientos más drásticos. La hipótesis que desarrolló para justificar la aplicación de la lobotomía fue que “para curar a estos pacientes, es necesario destruir las conexiones conectivo-celulares y, de ellas, consideramos como las más importantes aquellas relacionadas con los lóbulos frontales”.

El cerebro humano es la máquina más compleja del universo, y recién a fines del siglo XX, gracias a los avances de las técnicas por imágenes, especialmente la resonancia magnética y la tomografía por emisión de positrones, se logró develar gran parte de las conexiones nerviosas y las distintas áreas de las funciones cognitivas. Por lo tanto, destruir zonas del lóbulo frontal para mejorar trastornos psiquiátricos en la década de 1930 era una hipótesis temeraria.

Moniz presentó sus resultados en París, ante una audiencia de expertos. La experiencia fue pronto publicada en el Bulletin de l’Académie de Médecine. Según el autor, se curó el 35% de los pacientes, otro porcentaje similar mejoró y el resto quedó igual. Moniz les quitó trascendencia a los efectos adversos, que fueron numerosos.

Recomendaciones surgidas de los Estados Unidos y de Brasil, más los numerosos trabajos publicados por el propio Moniz, que ya era mundialmente famoso, contribuyeron a que en 1949 se le otorgara el Premio Nobel.

El Premio Nobel, el elogio de sus colegas, sus numerosas publicaciones, las campañas de la prensa y los comentarios favorables de revistas de primera línea, hicieron que la lobotomía se propagara por el mundo en forma desenfrenada.

Después de Moniz, el principal promotor de la lobotomía fue el Dr. Walter Jackson Freeman, originario de Filadelfia, Pensilvania. Además de realizar la técnica, Freeman fue su entusiasta divulgador y recorrió todo Estados Unidos visitando centros de neurocirugía en su vehículo al cual denominó el “lobotomóvil”.



                         El Dr. Walter Jackson Freeman (1895-1972).

Cuando en 1967, Freeman realizó su última lobotomía, llevaba contabilizadas 3.400 operaciones, y su socio Watts hacía tiempo que lo había abandonado, porque consideraba que abusaba de la indicación. Por entonces, Freeman cargaba sobre sus espaldas un número alarmante de muertos y pacientes con secuelas neurológicas y cognitivas. Finalmente, el Estado le retiró la licencia para realizar intervenciones quirúrgicas.

Algunos de los casos más resonantes de lobotomía
Warner Baxter (1889-1951)

                                      Warner Baxter

Warner Baxter fue el actor que protagonizó el famoso personaje Cisco Kid, uno de los más destacados westerns de Hollywood y durante la década de los 30 fue el artista mejor pago en la industria del cine. Ya alejado de las pantallas, Baxter sufrió una artrosis tan intensa que, sabiendo que la lobotomía se aplicaba para estos casos, decidió someterse al procedimiento. Falleció pocos días después por una infección pulmonar.

Alys Robie

                      Alys Robie (1923-2011)

Su nombre verdadero era Alice Robitaille, una exitosa cantante del Canadá francés. A los 25 años, como consecuencia de un accidente automovilístico, sufrió un período de internación prolongado en un asilo de Quebec, donde la sometieron a una lobotomía. Si bien se recuperó satisfactoriamente de la operación, al ingresar a los escenarios sus esfuerzos chocaban con el tabú de su enfermedad mental. Nunca recuperó la popularidad. El aspecto destacable de este caso fue que la lobotomía fue realizada sin su consentimiento, lo que demuestra la escasa ética con que se efectuaba esta práctica.


Rose Isabel Williams (1909-1996) 

Rose Isabel Williams era la hermana del famoso escritor Tennesse Williams. Al término de su adolescencia sufrió un cuadro grave de esquizofrenia que no respondió con la terapia electroconvulsiva. Por decisión de su madre y sin haber sido consultada, se le efectuó lobotomía bilateral, que deterioró profundamente su personalidad. Tennesse Williams vivió muchos años con la culpa de no haber impedido a su madre la decisión de operar a la hermana. Este sentimiento lo volcó en sus obras teatrales El zoológico de cristal y El último verano.

Rosemary Kennedy (1918-2005)

                                        Rosemary Kennedy

Rosemary Kennedy, la hermana del presidente de los Estados Unidos, tenía un ligero retardo mental, pero sus funciones cognitivas le permitían desempeñarse con relativa normalidad, llevaba una vida social activa y mantenía un diario de su vida.

Su padre estaba convencido de que esta operación aumentaría el coeficiente intelectual de Rosemary al nivel de sus hermanos. Contra la decisión de su esposa y sin informarle a su hija, el autoritario padre impuso sus deseos y consultó con el Dr. Freeman, quien rápidamente la sometió a la lobotomía.

El resultado fue desastroso, ya que Rosemary fue reducida en forma definitiva a la edad mental de tres años.

Helen Mortensen (1915-1967). En 1967, el Dr. Freeman recibió la visita de Helen Mortensen, una paciente a quien durante el lapso de veinte años le había realizado dos lobotomías. Ahora iba por la tercera, y el Dr. Freeman aceptó complacerla. No solo sería la última lobotomía para Mortensen, sino también para el propio Freeman. Durante el procedimiento, la aguja lesionó una arteria cerebral, y la paciente falleció tres días después. Las autoridades del hospital revocaron a Freeman sus privilegios quirúrgicos, y este se recluyó a una prudente y modesta actividad privada hasta el fin de sus días.

Epílogo
El trabajo de Egas Moniz le dio a la medicina portuguesa fama y aceptación internacional. Mereció más el Premio Nobel por sus trabajos sobre angiografía de las arterias cerebrales que por el procedimiento quirúrgico hoy llamado psicocirugía. En cuanto a este, a raíz de las críticas que llegaron a su punto máximo en 1970, ha caído prácticamente en desuso, desplazado por la batería de antipsicóticos que surgieron en las últimas décadas.

Bibliografía
Buzzi AE. Egas Moniz. RAR 2010; 74:33-42.
Fusar-Poli P, Allen P, McGuire P. Egas Moniz (1875–1955), the father of psychosurgery. The British Journal of Psychiatry 2008; 193:50.
Gross D, Schafer G. Egas Moniz (1874–1955) and the “invention” of modern psychosurgery: a historical and ethical reanalysis under special consideration of Portuguese original sources. Neurosurg Focus 2011; 30:8.
Rosenfeld JV, Lloyd JH. Contemporary psychosurgery. J Clin Neurosci 1999; 6:106-112.


martes, 1 de mayo de 2018

CARMEN


No estoy hecho para la sinfonía. Necesito el teatro. Sin él, no puedo hacer nada”, y Carmen es la mejor prueba.
George Bizet

Si algún neófito del bel canto me preguntara con que ópera se podría iniciar para introducirse en este género musical, seguramente le sugeriría la Carmen de Bizet. Las áreas y las melodías son hermosas y fáciles de retener, hay mucha pasión volcada en el argumento que es un relato creíble, alejado de los temas cómicos y mitológicos que tanto abundaron en las óperas hasta bien entrado el siglo XIX.

El argumento de la obra está posicionado en Sevilla en la España de 1820. Entre las mujeres que trabajan en una fábrica de cigarros se destaca Carmen, una gitana hermosa que seduce a un suboficial francés (Don José) y lo impulsa a desertar del regimiento para incorporarse a un grupo de contrabandistas del cual ella forma parte.

Hasta aquí conviene destacar el marcado contraste entre la seductora Carmen de fuerte carácter y convicciones firmes, cuya máxima aspiración es la libertad absoluta para encarar la vida y las decisiones, y el pusilánime Don José. Éste, por el solo hecho de pertenecer al ejército representa a un hombre atado a reglas estrictas. Víctima de su débil carácter, fascinado y cautivado por la gitana abandona la vida estructurada que llevaba e ingresa al ambiente marginal de un grupo de contrabandistas. Un mundo al aire libre, de total libertad y decisiones propias, del cual Carmen es la máxima exponente y una precursora del feminismo.

     Escena de Carmen

Obviamente se trata de dos personajes totalmente dispares que no pueden comulgar en la misma dirección. Don Jose no soporta la vida libre de Carmen y su comportamiento se le hace intolerable, especialmente cuando ella se enamora del torero Escamillo. En el cuarto acto se produce el fatal desenlace cuando Don José intenta impedir que Carmen ingrese a la plaza de toros para ver a Escamillo. En un arrebato de ira extrae un cuchillo y la mata. Con esto queda encasillada la ópera dentro del género dramático.

El personaje de Carmen le corresponde a una mezzosoprano, que por la calidez de la voz, se adapta perfectamente al rol que debe cumplir. Es imprescindible, para lograr un completo éxito, que la artista sea una hermosa mujer. Afortunadamente en las últimas décadas abundan las prima donnas de extraordinaria belleza y physique du rol adecuado que se diferencian de las corpulentas cantantes de otrora. Estas cualidades se deben complementar con una gran plasticidad de movimientos, gestos y miradas de gran seducción. El papel de Don Jose es mucho menos exigente, basta que sea un tenor lírico de buena voz y si en la realidad tiene cara indefinida, casi tonta, mejor aún.

Mezzosoprano madrileña María José Montiel

La música no tiene altibajos, mantiene a lo largo de los actos exquisitas áreas y melodías que la gente suele tararearlas, silbarlas y hasta cantarlas. Precede a la ópera el archiconocido preludio. Una introducción llena de energía que no escatima la participación de platillos y metales de viento. Comienza con el tema de la corrida de toros del cuarto acto, intercalado con la canción del toreador. En contraste con este clima de alegría, la segunda parte de la obertura presenta una melodía, que se repite a lo largo de la ópera, asociado con el fatal sino que le espera a la protagonista. El trémolo de las cuerdas produce una atmósfera tensa de un acontecimiento siniestro que se va a producir. Justo cuando esta tensión llega a su clímax, la obertura termina abruptamente, el telón se eleva y comienza la acción.

En este primer acto se destaca la Habanera, la popular área donde la soprano despliega además de la voz, toda su capacidad escénica y seductora. Aquí conviene señalar que gran parte de la melodía es una copia casi exacta de la Habanera, cantada por un dúo de hombre y mujer, cuyo autor fue el compositor vasco Sebastián Iradier, que bajo el título de «El Arreglito» la compuso durante su estancia en Cuba. Bizet, en una oportunidad, manifestó que la había escuchado y pensó que era parte del folklore español y carente de autor. Esta acotación es simplemente un dato informativo y no pretende quitarle mérito a la maravillosa creatividad de Bizet.
Hacer click para escuchar la Habanera

El segundo acto es sumamente vistoso por el contenido de danzas españolas, para lo cual el reguisser necesita recurrir a una compañía de ballet bien entrenada en coreografía española y zapateo andaluz. Es aquí donde aparece triunfante el torero Escamillo protagonizado por un viril barítono que canta la canción de El Toreador. El contraste con Don José no puede ser mayor. El área es una de las más preferidas por los cantantes de esta voz intermedia, Es en este acto que Don José atrapado por las circunstancias y el canto de sirena de Carmen se convierte en desertor y se pliega al grupo de contrabandistas.

El acto tercero comienza con un breve preludio de gran exquisitez formado por un dúo de flauta y harpa al cual se agrega un suave fondo musical del resto de los instrumentos. Este momento de paz musical es reemplazado por la marcha de los contrabandistas que comienza con la flauta acompañada de un suave fondo de cuerdas. 
Paulatinamente se van agregando los demás instrumentos.

El libreto muestra a los contrabandistas en plena actividad en un paisaje montañoso. Se evidencian los conflictos entre Carmen y Don Jose quien no puede contener sus celos ante el libre comportamiento de la gitana. Se destaca un juego de naipes donde a Carmen siempre le toca la carta de la muerte, un presagio de lo que ocurrirá en el siguiente acto.

El cuarto acto se caracteriza por acordes espirituales, alegres y abandonados, pero los vientos de las maderas tocan notas ominosas que auguran la tragedia final.

                               Georges Bizet (1838-1875)

Es hora de hablar del autor y la historia de la obra. Todo comenzó con el escritor, historiador y arqueólogo francés Prosper Merimé quien al realizar un viaje por España se enamoró de sus costumbres. Allí conoció a una condesa que le refirió la historia trágica de un bandido perdidamente enamorado de una mujer. En 1845, 15 años después del relato de la condesa, Merimeé escribió la novela Carmen.

George Bizet, un sólido músico quien desde los 9 años estudiaba en el Conservatorio de París, estaba más interesado en producir óperas que música orquestal. Ya había creado Los pescadores de perlas, que permanece incólume en el repertorio de la lírica.

En 1872 la Opéra Comique de París, le encomendó a Bizet una ópera. Después de numerosos arreglos líricos y orquestales, Carmen se estrenó el 3 de marzo de 1875. Menciono la fecha porque fue un punto de inflexión en la historia de este género musical, ya que dio comienzo a los argumentos con contenido real y dramático y que más tarde los italianos llamarían verismo, un equivalente al neorrealismo en el arte cinematográfico. Con Bizet, la ópera francesa se vio revestida de poder y pasión con dramas cargados de sentimientos humanos y conflictos.

Aún situándose en la época, cuesta comprender la razón que determinó que, en su inauguración, Carmen fuera un fracaso. El público y los medios reaccionaron desfavorablemente, le dieron más importancia a los aspectos formales que a la hermosísima música a la cual tendrían que haber prestado mayor atención. Mujeres fumando despreocupadamente, una heroína seductora y provocativa, un soldado que abandona el ejército para hacerse contrabandista por razones pasionales y finalmente un asesinato, fueron demasiado para la sociedad pacata de entonces.

Poco tiempo después, víctima de una enfermedad Bizet moría sin haber podido gozar de los innumerables éxitos que Carmen suscitó en la historia de la ópera.

Milton Cross. Encyclopedia of the Great Composers and Their Music, tomo 1. Doubledy and Company, Garden City New York 1953.

Yolanda Quincoces. Ópera!: 'CARMEN', de Georges Bizet, ¿La ópera más popular? Codalario.com. La Revista de Música Clásica, 15/04/2015.

Georges Bizet. Encyclopaedia Britannica, tomo II. Chicago

José Antonio Cantón. Crítica/Casticismo lírico. Abril 2018, número 339.

lunes, 23 de abril de 2018

MILOS FORMAN

Ese día de 1942, Milos Forman quien tenía 10 años faltó a la escuela porque estaba con fiebre. Su madre había echado las cortinas y él estaba descansando en la penumbra dispuesto a gozar de un día de cama. De pronto escuchó el ruido de un auto que se detenía frente a su casa. Aquello era totalmente inusual en la calle tranquila donde vivían y tuvo miedo, mucho miedo, que se convirtió en terror cuando golpearon la puerta salvajemente y se escucharon las pisadas fuertes de varias botas.

Forman tenía entonces sobradas razones para entrar en pánico. Dos años atrás la Gestapo se había llevado a su padrastro y ahora venían por su madre, quien ingresó a la habitación con el rostro desencajado, lo miró con ojos de angustia y ternura y sin decirle nada, porque tenía un nudo en la garganta, se volvió hacia el hombre que estaba detrás de ella y se la llevó. Nunca más la vería, víctima de los nazis en un campo de concentración. Esas imágenes quedaron grabadas a fuego en su memoria.

Forman acababa de ingresar al mundo de los huérfanos que en aquellos tiempos pululaban en Praga. Unos vecinos se contactaron con sus tíos que lo fueron a buscar y que se transformaron en sus padres adoptivos. Con ellos creció, estudió filmación en la escuela de Praga y revolucionó la cinematografía checoslovaca con Pedro el negro, Los amores de una rubia y Al fuego, bomberos, producidas entre 1964 y 1967.

Milos Forman (1932-2018)

El país formaba parte del sistema comunista supervisado desde Moscú y Forman sabía que no podía filmar cualquier cosa que se le antojara sin caer en la censura, pero su tolerancia se vio superada cuando en la llamada Primavera de Praga de agosto de 1968, los tanques soviéticos invadieron la ciudad. En ese momento se encontraba en París gestionando contratos con Hollywood y tomó la decisión de no regresar.

Sus primeros intentos como cineasta no tuvieron éxito y entró en un cuadro depresivo encerrado en la habitación de su hotel en Chelsea, Nueva York, hasta que dos productores, uno de ellos Michael Douglas, en busca de un director barato recurrieron a Forman. Así nació Atrapado sin salida (Someone flew the cocoo’s nest).


Atrapado sin salida, que arrasó con todos los Oscars, además de catapultar a Forman al éxito y al bienestar económico, está considerada entre las mejores películas que Hollywood haya producido, por la fuerza del guión, la calidad de los intérpretes y el mensaje social que conlleva.

El protagonista principal es Randle McMurphy (Jack Nicholson), sujeto hiperactivo, alegre, despreocupado, que por haber tenido sexo con una menor y por considerárselo un limítrofe mental es enviado a un instituto psiquiátrico. La realidad es que McMurphy se hizo pasar por tonto para evitar la cárcel.

La monotonía del lugar, las tediosas sesiones grupales y la repetitiva vida cotidiana de los internados, abrumados con pastillas tranquilizantes, es totalmente rota por McMurphy. Bajo su liderazgo, los internados comienzan a participar en juegos deportivos, ven televisión a escondidas y en una ocasión escapan transitoriamente y viven una breve aventura que los llena de felicidad, hasta que atrapados por la policía, son reintegrados a la institución.

Ratched (Louis Fletcher), directora del instituto, mujer, insípida, de técnicas ortodoxas y principios rígidos, observa con disgusto creciente, cómo la estructura del orden esquemático instaurado por ella, es alterada por este advenedizo. La oportunidad de eliminarlo se le da cuando una noche McMurphy, sobornando a uno de los guardias, ingresa clandestinamente, a varias prostitutas amigas. Se desata una gran diversión, donde abunda el alcohol, que dura toda la noche.

A la mañana siguiente Ratched contempla el desorden de botellas esparcidas, mujeres en ropas íntimas y varios internados tirados en el piso semiborrachos. Increpa a uno de ellos con graves amenazas, sabiendo que es el más lábil de todos y el paciente entra en estado de desesperación y se quita la vida. Furioso McMurphy trata de estrangular a Ratched quien es salvada por los guardianes, mientras que él es sometido a una lobotomía frontal.

Cuando regresa a la sala en una camilla, su mejor amigo, un gigantesco indio contempla con dolor que lo han transformado en un vegetal, lo asfixia con una almohada y escapa de la institución.

La película tiene varios enfoques, es una alabanza a la libertad y la creatividad, representada en la personalidad de McMurphy. También es una crítica despiadada a los métodos obsoletos, rígidos y punitorios que caracterizan a muchos institutos psiquiátricos que se limitan a mantener a los pacientes semi aletargados con tranquilizantes. Finalmente fue un alegato despiadado a la técnica de la lobotomía frontal y contribuyó al abandono total de este procedimiento.

Nueve años más tarde, Forman produce su segunda obra maestra: Amadeus, sobre la relación entre Wolfgang Amadeus Mozart y Antonio Salieri. Es una obra espléndida y atrapante, que invita a ser vista una y otra vez. La estética es impecable y lo mismo puede decirse sobre la adaptación a la época. Un aspecto sobresaliente es la forma en que el director ensambló distintas escenas con segmentos musicales y arias de la creatividad mozartiana, dándole al film un valor agregado notable. O Forman sabía mucho de música, o se supo asesorar por un experto en efectos sonoros con amplio conocimiento de la obra del genio de Salzburgo.

La película fue rodada en Praga ciudad a la que Forman regresó por primera y última vez. Era 1984 y seguía imperando el régimen comunista, pero como había adoptado la ciudadanía estadounidense, pudo regresar triunfante.

Lamentablemente esta obra maestra, adolece de un pecado original. Todo lo que se dice de la figura de Salieri es falso. En el guión se lo representa como un músico casi mediocre, que mantenía enorme envidia y celos hacia Mozart, incluso se sugiere que lo pudo haber envenenado.

Si bien Salieri es un talento muy inferior a Mozart, y aquí podemos agregar a muchos otros compositores, sus obras se siguen dando, fue popular en su época y como profesor de música, fue maestro de Beethoven y de Schubert. No tenía ningún motivo de sentir envidia por Mozart.

Ignoramos cuales fueron los motivos para que Alexander Pushkin escribiera una novela, hoy casi olvidada, sobre esta falsa relación entre ambos compositores, pero el hecho es que el tema fue retomado por el dramaturgo inglés Peter Shaffer, quien realizó la obra de teatro Amadeus, sobre la cual se basaron Forman y los productores y para hacer el guión de la película.

Es lamentable que los millones de espectadores que vieron Amadeus, se levantasen de sus butacas convencidos con la imagen de un Salieri ahogado en celos, que hizo todo lo posible para interferir con la vida musical de Mozart.

El artículo que escribo tiene dos pretensiones, por un lado hacer justicia a Salieri y por otro destacar mi admiración por Milos Forman, ese gigante del séptimo arte recientemente fallecido.


Luciano Monteagudo. El humor amargo de la tradición checa. Página 12, 14/04/2018
Elvira Lindo. Los fantasmas de su pasado. El País, 19/11/2008

Gregorio Belinchon. Muere el director Milos Forman, grande del cine europeo. El País 15/04/2018

Ronald Bergan. Milos Forman obituary. The Guardian, 15/04/2018.